domingo, 1 de septiembre de 2019

ORLANDO VICENTE ALVAREZ. PUNTA DEL ESTE URUGUAY .Cuba, Uruguay, Guantanamo: sociedad y costumbres.: VERANO PUNTAESTEÑO VISTO POR UN GUANTANAMERO

ORLANDO VICENTE ALVAREZ. PUNTA DEL ESTE URUGUAY .Cuba, Uruguay, Guantanamo: sociedad y costumbres.: VERANO PUNTAESTEÑO VISTO POR UN GUANTANAMERO    E... https://orlandoescritorynovelista.blogspot.com/2017/02/verano-puntaesteno-visto-por-un.html?spref=tw

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VERANO PUNTAESTEÑO VISTO POR UN GUANTANAMERO



   Es pleno verano en Punta del Este. El sol pica la piel y el mar es más azul. El ambiente ha cambiado. Nos invaden los turistas argentinos y brasileños con sus descapotables Audi y Mercedes Benz. Es una delicia verlos circular por las calles a toda velocidad. 
    El Puesto de Lo de Cacho ha abierto para la temporada. La vista se alegra entre tanto verdor y el color de las frutas, algunas exóticas para mí.
   Voy a la playa, a la Mansa que es más tranquila y tiene una mejor vista con la isla de Gorriti y los cruceros al frente. Han construido un pasillo de madera a lo largo de la playa donde los turistas de a pie pueden admirar la vista y pasear por toda la orilla. Yo llevo  bermuda corta, remera y pantuflas y mi cámara foto digital.

   No hay nadie bañándose a pesar del calor reinante. Bajo y me acerco a la orilla y meto las patas  en el agua ¡Esta helada! ¿Cómo puede ser? Parece que la antártica está más cerca que los trópicos. 

   Hay sombrillas alineadas por todas partes donde se sientan a tomar el sol las clases más pudientes, sobre todo frente al casino Hotel del Conrad que tiene un parador en frente del otro lado de la rambla, cerca de la orilla y dos banderas anunciando el ron Habana Club para refrescarse con un daiquiri o un mojito cubano. Esto me recuerda mi tierra.

   Veo las motos de agua alineadas cerca de la orilla listas para ser alquiladas. En el mar, a corta distancia, veo dos motos que compiten en una carrera loca y humeda hacia la eternidad si no frenan el paso.
   Me detengo a deleitarme con un mojito. No son como los de Cuba, le falta lima como le gustaban a Hemingway en el Floridita de la Habana. De todos modos el hielo y la yerba Buena y el azucar hacen que el sabor sea delicioso. Lo tomo a sorbos, para que sea eterno, para que nunca se acabe.


   El sol quema la piel, no me da tiempo a recorrer toda la playa hasta llegar al puerto donde se alinean yates lujosos y otros más discretos. Tiro algunas fotos para recordar aquella calurosa tarde en la playa en pleno verano de Punta del Este cuando sea más viejo, si Dios lo permite.

viernes, 6 de mayo de 2016

Un Guantanamero en Punta del Este

     El verano se ha ido en el Hemisferio Austral. Estamos en el Otoño Uruguayo pero parece que es el Invierno que se adelantó. Fueron cinco días de lluvia constante. Las sabanas húmedas y la ropa que no se seca en la tendedera. Las calles vacías. Los restaurantes vacíos. Ya se había ido la ola de turistas argentinos y brasileños que venían a veranear en los hoteles o en sus imponentes mansiones de techo a dos aguas. Luego de estar Punta del Este libre de esa plaga veraniega es un verdadero placer caminar por sus ramblas de mar.
     Hay dos playas a cada lado de la península: la de la Mansa, con sus quietas aguas y la de la Brava con su mar embravecido. La de la Mansa es para la gente mayor, es más apacible. En la de la Brava aún quedan surfistas rezagados que desafían las gélidas aguas con sus trajes impermeables. Yo prefiero el fulgor de las rompientes olas al atardecer, me hacen sentir más joven. 
     Guarecido de la interperie con un grueso abrigo, bufanda y guantes me paseo por la Brava cerca de los imponentes edificios. El que están construyendo es el de Donald Trump, un rascacielos redondeado y llamativo como todo lo que él hace.
     ¿Quién iba a decir que un Guantanamero se iba a sentir como un Puntaesteño más? Es lo que siento después de tantos años. Mi querida Patria chica es solo un añorado recuerdo que se sume en las brumas al igual que este anochecer, y los yates de lujo del puerto, con las luces apagadas, esperan zarpar al norte, donde todavía es verano.
       Mientras tanto yo camino solo por la rambla. Mi hija me esperara al final del día. Mi hermano fue a Guantánamo. Estará disfrutando de las cálidas aguas de las playas de Cuba y de un sabroso lechón asado. Yo sigo caminando y respirando el aire salitroso. La puesta de sol es imponente.



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